Las partículas elementales
de Michael Houellebecq
Extracto de la seguenda parte titulada “Momentos Extraños”.
Capitulo 16 titulado :
“Para una estética de la buena voluntad.”
En cuanto llega la aurora, las muchachas
van acortar rosas. Una corriente de inteligencia
recorre los valles, las capitales, sacude la inteli-
gencia de los poetas más entusiastas, deja caer
protectores para las cunas, coronas para la ju-
ventud, fe en la inmortalidad para los viejos.
LAUTRÉAMONT, Poesias II
A la mayoría de los indiviuos que Bruno tuvo ocasión de frecuentar en el curso de su vida los motivaba exclusivamente la búsqueda del placer, si incluimos en la noción de placer las gratificaciones narcisitas, tan ligadas al aprecio o la admiración del prójimo. Así se desplegaba distintas estrategias, callificadas de vidas humanas.
Sin embargo, en el caso de su hermanastro había que hacer una excepción a este regla;resultaba dificil relacionar con él hasta la palabra placer; y a decir verdad, ¿habia algo que motivase a Michael? Un movimiento rectilíneo uniforme persiste durante un tiempo indefinido en ausencia de rozamiento o de la aplicación de una fuerza externa. La vida de su hermanastro, organizada, racional, sociológicamente situada en la media de las categorias superiores, parecía desarrolarse, hasta el momento, sin rozamiento. Tal vez se libraran oscuras y terribles luchas de poder en el ámbito cerrado de los investigadores de biofísica molecular; sin embargo, Bruno lo dudaba.
-Tienes una visión muy negra de la vida…-dijo Christiane, poniendo fin a un silencio que empezaba a pesar.
-Niestzscheana-precisó Bruno-. Más bien nietzscheana barata -añadió-. Voy a leerte un poema.
Sacó un cuaderno del bolsillo y recitó los siguientes versos:
Siempre la misma chorrada
del eterno retorno y todo ese bla bla.
Mientras yo bebo leche merengada
en la terraza del Zarathousta.
-Ya sé lo que hay que hacer -dijo ella después de otro silencio-. Vamos al sector naturista de Cap d’Agde a acostranos con todo el mundo. Hay enfermeras holandesas, funcionarios alemanes, todos muy correctos, burgeses, tipo países nórdicos o Benelux. ¿Por qué no nod acostamos con policias luxemburgueses?
-Ya no me quedan vacaciones.
-A mi tampoco, tengo que volver el martes; pero todovía necesito vacaciones. Estoy harta de enseñar, los niños son idiotas. Tu también necesitas vacaciones, y tehace falta disfrutar con montones de mujeres distintas. Y eso es posible. Ya sé que no te lo crees, pero te digo que es posible. Tengo un amigo médico que nos puede dar la baja a los dos.
Llegaron a la estación de Agde el lunes por la mañana y fueron en taxi al sector naturista. Christeane llevaba poquísimo equipaje, no había tenido tiempo de volver a Noyon. “Voy a tener que mandarle dinero a mi hijo” dijo. “Me desprecia, pero voy a tener que mantenerlo algunos años. Sólo temo que se vuelva violento. Va con gente muy rara, musulmanes, nazis…, si se matara con la moto lo pasaría mal, pero creo que me sentiria mas libre.”
Ya estaban en septiembre y encontraron alojamiento con facilidad. El complejo naturista Cap d’Agde, dividido en en cinco residencias construidas en los años setenta y principios de los ochenta, tiene una capacidad hotelera de diez mil plazas, un récord mundial. Su apartamento de 22m2 de superficie, tenía un salón-dormitorio con un sofá cama, cocina americana, dos lieteras individuales, baño, váter separado y terraza. La capacidad máxima era decuatro personas, normalmente una pareja con dos hijos. En seguida se sinterion a gusto. Orientada al oeste, la terraza daba al puerto de recreo y permetía tomar el aperitivo aprovechando los últimmos rayos del sol poniente.
Aunque dispone de tres centros comerciales, un miniglof y alquiler de bicicletas, el principal atractivo para los veraneantes de la estación naturista de Cap d’Agde son los placeres, más elementales, la playa y el sexo. En definitiva, constituye el lugar donde una proposición sociológica especial, tanto más sorprendente cuanto que sus referencias no provienen de un código preestablecido, sino que se basan simplemente en iniciativas individuales convergentes. Al menos eso era lo que Bruno decía al comienzo de un artículo en el que resumía sus dos semanas de veraneo, titulado “ LAS DUNAS DE MARSEILLAN: PARA UNA ESTETICA DE LA BUENA VOLUNTAD”. La revista Esprit rechazó, con razón, el artículo.
“Lo que sorprende nada más llegar a Cap d’agde”, escribio Bruno, “ es la coexistencia de lugares de consumo banales, en todo semejante a los que se encuentran en el conjunto de las estaciones balnearias europeas, y otros comercios específicamente dedicados al libertinaje y el sexo. Por ejemplo, es sorprendente ver reunidos una panaderia, un pequeño supermercado y una tienda de ropa que sólo venden microfaldas transparentes, lencería látex, y vestidos que dejan al descubierto los senos y las nalgas. Tambien sorprende ver a las mujeres y a las parejas, con o sin niños, husmeando entre secciones, moverse con toda naturalidad entre los distintos productos. Así mismo resulta asombroso que los quioscos de prensa de la estación vendan, además de los periodicos y revistas habituales, una selección particularmente amplia de revistas de contacto y pornográficas, así como diversos artilugios eróticos, sin que nada de todo esto suscite la menor reación entre los consumidores.
Por lo general, los centros de vacaciones institucionales están repartidos a lo largo de un eje que va del estilo “familiar” (Mini Club, Kid’s Club, calienta-biberones, mesas para cambiar pañales) al estilo “joven” (deportes de ruedas y deslizamiento, veladas animadas para los trasnochadores, no recomendado a menores de 12 años). Por su clientelaen gran parte familiar, por la importancia que da al ocio sexual sin encajarlo en el contexto del “ligue”, el centro naturista de Cap d’Agde escapa a esa dictomía. Y tampoco se parece, cosa que también sorprende al visitante, a los centros naturistas tradicionales. Éstos hacen incapie en un concepcion “sana” de la desnudez, excluyendo cualquier intrepetación sexual directa; impera la alimentacion biológica, el tabaco esta practicamente prohibido. Los participantes, que suelen tener una sensibilidad ecdologista, se reúnen para practicar actividades como el yoga, la pintura sobre seda, las gimnasias orientales; se adaptan de buena gana a un hábitat rudimentarios en un emplazamiento salvaje. Por el contrario, los apartamentos del Cap cumplen sobradamente las normas estandár de comodidad en las estaciones de vacaciones; la naturelaza está presente, sobre todo en forma de césped y arriates de flores. Y la restaración, clásica, reúne pizzerías, marisquerias, fredurías y heladerías. Me atrevoa decir que hasta la desnudez parece tener un carácter distinto. En un centro naturista tradicional, es obligatorio cada vez que las condiciones atmosféricas lo permiten; esta obligación es objeto de una rigorosa vigilacia, y va acompañada por una viva aprobación de cualquier comportamiento que puede calificarse de mirón.Por el contrario, en Cap d’Agde, uno asiste a la coexistencia pacífica, tanto en supermecados como en bares, de gran variedad de autendos, que van desde la desnudez integral a la vestimenta tradicional, pasando por la ropa de vocaciónabiertamienta eróica (minifaldas de rejilla, lecería, ligueros). Los mirones están tácitamente permitidos: es corriente ver en la playa a los hombres pararse delante de los sexos femenino que se ofrecen a su mirada; muchas mujeres dan a esta conteplación un carácter aún más íntimo mediante la depilación que falicita el examen del clítoris y de los labios mayores. Todo esto crea, incluso si uno no toma parte en las actividades específicas del centro, un clima muy especial, tan alejado del ambiente erótico y narcisista de las discotecas italianas como de la atmósfera “equívoca” propia de los barrios calientes de las grandes ciudades. En resumen, se trata de una estación balnearia clásica, mas bien educada, con la salvedad de que los placeres del sexo ocupan un lugar importante y admitido. Es tentador hablar de ambiente sexual “socialdemócrata”, sobre todo porque el turismo extranjero, muy numeroso, es sobre todo aleman, con un fuerte contingente holandés y escandinavo”.
Al segundo día, Bruno y Chistiane conocieron en la playa a una pareja, Rudi y Hannelore, que les ayudó a entender mejor el funcionamiento sociológico del lugar. Rudi era técnico en un centro de seguimiento de satélites de telecomunicaciones Astra; Hannelore trabaja en una importante líbreria de Hamburgo. Eran habituales del Cap d’Agde desde hacia diez años; tenían dos hijos pequeños, pero ese año habían decidido dejarlos con los padres de Hannelore para escaparse una semana los dos solos. Esa misma noche cenaron los cuatro en un restaurante de pescado que ofrecía una excelente bullabesa. Bruno y Rudi penetraron sucesivamente a Hannelore, mientras ésta lamía el sexo de Christiane; luego las dos mujeres intercambiaron posiciones. Después Hannelore le hizo una felación a Bruno. Tenía un cuerpo muy hermoso, metido en carne pero firme, obviamente cuidado a base de practicar deporte. Además, chupaba con mucha sensibilidad; desgraciadamente, Bruno se sentía tan excitado por la situación que se corrió un poco pronto. Rudi, más experimentado, consiguió retener la eyaculación veinte minutos mientras Hannelore y Christiane se la mamaban a la vez, entrecruzando amistosamente las lenguas sobre el glande. Hannelore propuso un vaso de kirsch para concluir la velada.
Las dos discotecas para parejas que había en el centro contaban bastante poco en la vida libertina de la pareja alemana. El Cléopâtre y el Absolu sufrían la dura competencia del Extasia, que estaba fuera del perímetro naturista, en el término municipal de Marseillan: dotado de equipamiento espectacular (black room, peep room, piscina climatizada, jacuzzi y, desde hacía poco, la mirror room más bella de Langedoc-Rousillon), el Extasia, lejos de dormirse en los laureles que consiguió a principios de los años setenta, situado además en un marco encantador, supo conservar su estatus de ‘discoteca mítica’ . No obstante, Hannelore y Rudi propusieron ir al Cléopatre la noche siguiente. Más pequeño, carecterizado por un ambiente cálido y simpático, el Cléopatre era, según ellos, un excelente punto de partida para una pareja novel, y además estaba justo en mitad de la estación; zla ocasión de tomar una copa relajada entre amigos después de cenar; la ocasión para las mujeres de probarse en un ambiente simpático la ropa erótica que acababan de comaprar.
Rudi pasó de nuevo la botella de Kirsch. Ninguno de los cuatro se había vestido. Bruno se dio cuenta, maravillado, de que volvía a tener una erección, menos de una hora después de correrse entre los labios de Hannelore; lo comentó con palabras impregnadas de ingenuo entusiasmo. Muy conmovida, Crhistiane empezó a hacerle una paja ante la mirada enternecida de sus nuevos amigos. Al final, Hannelore se acuclilló entre sus muslos y se la chupó mientras Christiane seguía acariciándola. Un poco achispado, Rudi repetía maquinalmente: ‘Gut…, gut…’ Se separaron medio borrachos, pero de excelente humor. Bruno le habló a Christiane del Club de los Cinco, la semejanza entre ella y la imagen que desde siempre habia tenido de Anne; ya sólo faltaba, según el, el valiente perro Tim.
Al día siguiente, por la tarde, fueron juntos a la playa. El cielo estaba azul y hacía mucho calor para septiembre. Bruno se dijo que era agradable pasear, desnudos los cuatro, a lo largo de la orilla; era agradable saber que cada cual se esforzaría, en la medida de sus posibilidades, por darles placer a los demás.
Con más de tres kilómetros de largo, la playa naturista de Cap d’Agde tiene una pendiente suave, lo que permite incluso a los niños pequeños bañarse sin peligro. Por otro lado la mayor parte está reservada al baño en familia y a los juegos deportivos (windsurf, badminton, cometas). Rudi explicó que todo el mundo admite tácitamente que las parejas en busca de una experiencia libertina se van a la parte oriental de la playa, un poco más allá del quiosco de Marseillan. Las dunas, contenidas con empalizadas, forman allí un ligero desnivel. Desde la cima se ve a un lado la playa, que baja suavemente hacia el mar, y al otro una zona más accidentada compuesta de dunas y terreno liso, con algunos bosquecillos de encinas. Se instalaron en el lado de la playa, justo debajo del desnivel formado por las dunas. Allí, en un espacio restringido, se concentraban por lo menos doscientas parejas; en medio había algunos hombres solos; otros paseaban por la línea de las dunas. Vigilando alternativamente los dos lados.
“Durante las dos semanas de nuestra estancia, fuimos a esa playa todas las tardes” seguía Bruno en su artículo. “Desde luego es posible morir, pensar en la muerte, y mirar con severidad los placeres humanos. Si rechazamos esta posición extremista, las dunas de la playa de Marseillan son – y esto es lo que me propongo demostrar- el lugar adecuado para una proposición humanista, que intenta aumentar al máximo el placer de cada uno sin crear sufrimiento moral insoportable a nadie. El placer sexual (el más intenso que conoce el ser humano) se apoya sobre todo en sensaciones táctiles, especialmente en la excitación racional de zonas epidérmicas concretas cubiertas de corpúsculos de Krause, a su vez vinculados a neuronas capaces de desencadenar en el hipotálamo una fuerte descarga de endorfinas. Gracias a la la sucesión de las generaciones culturales, a este sistema simple se le supone en el neocórtex una construcción mental más compleja que recurre a las fantasías y (sobre todo en las mujeres) al amor. Las dunas de la playa de Marseillan, al menos ésta es mi hipótesis, no deben considerarse como el lugar de una exacerbación irracional de las fantasías sino, al contrario, como un dispositivo que reequilibra los juegos sexuales, el soporte geográfico de una tentativa de retorno a la normalidad, principalmente sobre la base de un principio de buena voluntad. De hecho, cada una de las parejas reunidas en el espacio que separa la línea de dunas de la orilla del agua puede tomar la iniciativa de contactos sexuales públicos; a menudo la mujer le hace una paja o se la mama a su compañero, que suele devolverle el favor. Las parejas vecinas observan esas caricias con especial atención, se acercan para ver mejor, poco a poco imitan el ejemplo. Así, a partir de la pareja inicial se propaga rápidamente por la playa una ola de caricias y lujuria increíblemente excitante. Conforme aumenta el frenesísexual, muchas parejas se acercan para entregarse a contactos de grupo; pero es importante observar que cada contacto requiere un consentimiento previo, la mayoría de las veces explícito. Cuando una mujer desea sustraerse a una caricia no deseada lo indica con mucha sencillez, con un simple movimiento de cabeza, provocando de inmediato en el hombre disculpas ceremoniosas y casi cómicas.
“La extrema corrección de los participantes masculinos sorprende aún más cuando uno se aventura hacia el interior, más allá de la línea de las dunas. Esta zona está tradicionalmente reservada a los aficionados al gang bang y a la pluralidad masculina. También allí el germen incial lo constituye una pareja que se entrega a una caricia intima, normalmente una felación. Enseguida se ven rodeados por diez o viente hombres solos. Sentados, de pie o en cuclillas, asisten a la escena y se masturban. A veces las cosas no van más lejos, la pareja vuelve a su abrazo inicial y los espectadores se dispersan poco a poco. A veces, con un gesto de la mano, la mujer indica que desea masturbar o ser penetrada por otros hombres. Ellos se suceden entonces, sin ninguna precipitación especial. Cuando quiere dejarlo, ella lo indica también con un simple gesto. Nadie dice una palabra; se oye claramente el viento que silba entre las dunas, doblando los macizos de hierba. A veces no sopla el viento; entonces hay un silencio total, roto únicamente por los jadeos del placer.
“No trato de pintar la estación naturista de Cap d’Agde bajo el aspecto idílico de no sé qué falansterio fourierista. En Cap d’Agde, como en cualquier otra parte, una mujer con un cuerpo joven y armonioso o un hombre seductor y viril se ven rodeados de proposiciones halagadoras. Y en Cap d’Agde, es como en todas partes, un individuo obeso, viejo o poco agraciado está condenado a la masturbación, salvo que esta actividad, por lo general proscrita en los lugares públicos, aquí se mira con amable condescendencia. Lo que sorprende, a pesar de todo, es que actividades sexuales tan diversas, mucho más excitantes que cualquier película pornográfica, puedan tener lugar sin engendrar la menor violencia ni faltar en lo más mínimo a la cortesía. Por mi parte, introduciría de nuevo la nocion de “sexualidad socialdemócrata” y tendría a ver ese hecho una aplicación insólita de esas mismas cualidades de disciplina y respeto a cualquier contrato que han permitido a los alemanes librar dos guerras mundiales con una generación de intervalo, para luego recontruír, en mitad de un país en ruinas, una economia fuerte y exportadora. A este respecto, sería interesante confrontar a los nativos de países en que se han honrado desde siempre esos mismos valores culturales (Japón, Corea) con las proposiciones sociológicas puestas en práctica en Cap d’Agde. En cualquier caso, esta actitud respetuosa y legalista que aseguro a cada cual, siempre que cumple los términos del contarcto, múltipes momentos de tranquilo placer, parece tener un gran poder de convicción, porque se impone sin dificultad ni códigos explícitos a los elementos minoritarios presentes en la estación (horteras languedocianos del Frente Nacional. Delincuentes árabes, italianos de Rimini).”
Bruno interrumpió aquí el artículo, tras una semana de estancia. Lo que le quedaba por decir era más tierno, más delicado, más incierto. Se habían acostumbrado, después de pasar la tarde en la playa, a tomar un apreitivo a las siete. Él bebía Campari; Christine solía tomar un Martini blanco. Bruno miraba los reflejos del sol sobre las paredes ( blancas en el ineterior, ligeramente rosadas en el exterior). Le gustaba ver a Christiane: “Creo que soy feliz.” Ella se detuvo en seco, con la mano crispada en la bandeja del hielo, y dejo escapar el aire lentamente. Él continuó:
-Quiero vivir contigo. Tengo la impresion de que ya está bien, que ya hemos sido lo bastante desgraciados durante demasiado tiempo. Luego vendrán la enfermedad, la invalidez y la muerte. Pero creo que podemos ser felizes juntos hasta el final. En cualquier caso, tengo ganas de inetertarlo. Creo que te quiero.
Christiane se echó a llorar. Más tarde delante de un plato de mariscos en el Neptune, intentaron considerar el lado práctico del asunto. Ella podía ir a Paris todos los fines de semana, eso era fácil; pero seguro que le resultaria muy díficil conseguir un traslado . Teniendo en cuenta la pensión alimenticia, el sueldo de Bruno no daba para los dos. Y además estaba el hijo de Christiane; también por eso habría que esperar. Pero de todos modos era posible; por primera vez despúes de tantos años, algo parecia posible.
Al dia siguiente, Bruno le escribió a Michel una carta breve y emocionada. Decia que era feliz, lamentaba que nunca hubieran conseguido entenderse del todo. Deseaba que, en la medida de los posible, él tambien encontrase alguna forma de felicidad. Firmaba: “Tu hermano, Bruno.”


13 Julio 2009 a las 4:05 am |
Este filme aleman, la verdad que me dejó muy impactado. Lo recomiendo.
cordiales saludos,
SEX0
9 Noviembre 2009 a las 1:02 pm |
[...] en en la novela de Michelle Houelllebacq Las particulas elementales, todo un capitulo hablaba de CdA, y en cierto sentido la estancia del protagonista en nuestro barrio naturista favorito le [...]